Lectura: “María, tomando una libra de perfume de nardo puro, de mucho precio, ungió con él los pies de Jesús y los secó con sus cabellos. La casa se impregnó con la fragancia del perfume… Jesús le respondió: «Déjala. Ella tenía reservado este perfume para el día de mi sepultura»”. (Jn 12, 3-7)
Meditación:
María de Betania en una cena de despedida unge a Jesús con el mejor perfume, el de sus afectos, llenos de humildad, pues se pone a sus pies y los seca con sus cabellos signo de su delicadeza. Lo que no podrá hacer antes de su sepultura, pues será viernes y no tendrá tiempo, lo anticipa ahora.
Nos hace entender cómo necesitamos preparar el corazón para el encuentro personal con Cristo. Lo recibe en su casa y no es indiferente a su presencia, no lo deja sólo, ocupándose de otras cosas. Pero Jesús nos pide esta atención hacia los otros; quiere que los miremos a los ojos, que les reconozcamos su dignidad como hijos del Padre.
Es en los afectos del corazón donde damos el sentido profundo a nuestra vida. No es suficiente el trabajo y el esfuerzo que hacemos; es la comunión profunda con el Espíritu lo que nos permite alcanzar la plenitud.
Oración: Señor, quiero orientar mi corazón hacia Ti.
Contemplación:
Hago muchas cosas… pero me falta el sentido profundo de comunión con los otros.
«Yo Soy la Verdad, recibo tu corazón e integro todo tu ser».
Quiero servir a los otros en tu Nombre.
Acción: Tratar con afecto y cariño a Jesús.
Hno. Javier Lázaro sc.
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