Lectura: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha consagrado por la unción. Él me envió a llevar la Buena Noticia a los pobres, a anunciar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, a dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor» (Lc 4, 18-19).
Meditación:
Estos dos versículos contienen el proyecto de Jesús para implantar su Reino. En cada uno de los grupos que menciona, estamos nosotros. Somos pobres porque necesitamos la gracia divina para crecer interiormente y ser felices. Con frecuencia nos confundimos, porque tenemos cosas, nos creemos autosuficientes. La pobreza es la sana dependencia y confianza que vivimos de nuestro Padre del cielo.
Lo que nos tiene cautivos es el pecado, el mundo que nos exige el consumismo, los medios de comunicación que nos engañan y nos tienen atrapados en las redes con propuestas engañosas. Somos ciegos cuando sólo vemos lo inmediato y nos falta la mirada de la fe, la esperanza en la eternidad.
La libertad que Cristo nos alcanza es la de amar, la de hacer el bien a todos, en forma gratuita y universal. Es un año de gracia porque Cristo nos da un corazón nuevo, nos infunde su Vida divina.
Oración: Señor, quiero pertenecer a tu Reino y seguirte.
Contemplación:
Me has elegido como hijo amado…yo he quedado atrapado entre cosas… no puedo solo. Jesús te necesito.
«Yo vengo en tu auxilio, déjate alcanzar por mi Reino».
Quiero ser tuyo para siempre…
Acción: Escuchar y recibir el anuncio del Reino.
Hno. Javier Lázaro sc.
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