Lectura: “«Los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos ayunan. ¿Por qué los tuyos no?». Jesús les contesta: «¿Es que pueden ayunar los amigos del esposo, mientras el esposo está con ellos? Mientras el esposo está con ellos, no pueden ayunar” (Mc 2, 18-19).
Meditación:
Toda persona está llamada a vivir una relación de unión, de amistad, de entrega a los demás. Jesús llega a compararla con la relación entre el esposo y la esposa; aunque es preciso quitarle la connotación de la unión carnal, que es exclusiva del matrimonio entre un hombre y una mujer. Aquí se habla de una unión espiritual, que sigue creciendo sin límites, que profundiza la singularidad e identidad de cada uno.
Jesús se declara nuestro esposo, busca una íntima comunión, donde podamos habitar en su Corazón y Él pueda poner su morada en el nuestro. Así, cuando hacemos algo vamos en su Nombre y Él nos infunde su Espíritu para vivirlo con caridad.
Los judíos pensaban que con sus fuerzas y sus ayunos podían alcanzar la salvación, se creían con derechos… Jesús les hace ver que el ayuno o dolor es vivir alejados de su amistad. Ahora nos ha comparado con su Sangre, sólo le pertenecemos a Él.
Oración: Señor, quiero que me desposes, que unas mi corazón al tuyo.
Contemplación:
Busco salir de mi soledad… me entretengo con cosas o personas que pasan…
«Yo te busco, para que estés eternamente conmigo y habites en mi Corazón».
Quiero vincularme a Ti. Soy tuyo.
Acción: Vivir el encuentro profundo con Cristo.
Hno. Javier Lázaro sc.
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