Lectura: “Todos los que la recibieron, a los que creen en su Nombre, les dio el poder de llegar a ser hijos de Dios. Ellos no nacieron de la sangre, ni por obra de la carne, ni de la voluntad del hombre, sino que fueron engendrados por Dios”. (Jn 1, 12-13)
Meditación:
Cristo es la Palabra, es la Luz, es el Hijo de Dios, viene y se hace Hombre (sin dejar de ser Dios), por nuestra salvación. Para quienes escuchan su Palabra, la guardan en su corazón y la viven, se convierte en la Roca, donde construyen su proyecto de Vida. Jesús viene, es el Todopoderoso, pero necesita la aceptación, se acerca como nuestro mendigo… quiere comunicarnos su amor.
Él establece un vínculo indestructible, somos hijos de Dios. Los otros contratos son endebles; por la paternidad-maternidad, pone su Vida en nuestros corazones. La Virgen María es la Madre de Jesús, que fue engendrado en su seno por el Padre por obra del Espíritu Santo.
Nosotros por el Bautismo, al escuchar la Palabra, nacemos a la vida divina, ponemos nuestra morada en el Corazón de Cristo; sus sentimientos-Sangre nos sostiene, nos vincula con el Padre, somos sus hijos y con los otros somos hermanos.
Oración: Señor, quiero recibirte, escuchar tu Palabra, eres mi Vida.
Contemplación:
Busco la aprobación de los otros; pero olvido que soy amado y elegido como hijo.
«Yo te comunico mi Palabra, deseo que nazcas a la vida divina».
Quiero ser tu tuyo y recibirte en mi corazón.
Acción: Escuchar la Palabra, para recibir a Cristo.
Hno. Javier Lázaro sc.
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