Lectura: «Cualquiera que venga a mí y no me ame más que a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, a sus hermanos y hermanas, y hasta a su propia vida, no puede ser mi discípulo. El que no carga con su cruz y me sigue, no puede ser mi discípulo». (Lc 14, 26-27).
Meditación:
La entrega a Cristo necesitamos que esté por encima de todo. Podemos amar a los demás cuando nos dejamos alcanzar por el amor de Dios. Es posible que busquemos a los otros para nuestro consuelo y para superar la soledad; pero entonces los usamos y quedamos en la inmadurez afectiva.
El amor verdadero supone salir de sí mismos, para identificarnos con Cristo que nos enseña a amar de una forma nueva, desprendida, altruista, generosa, comprometida y fiel. El cariño que recibimos de la familia es bueno; pero estamos llamados a madurar y lanzarnos a una oblación, que nos ayude a superar el narcisismo y sentimentalismo.
Las dificultades (cruces) las vamos a tener siempre, pero son posibilidades de crecimiento. Cuando nos unimos a Cristo, encontramos el sentido profundo, trascendente, que nos enriquece interiormente y descubrimos la belleza que pone en nuestro corazón.
Oración: Señor, quiero seguirte con determinación.
Contemplación:
Me conformo con la mediocridad … con relaciones superficiales …
«Yo quiero que vivas en mi Corazón y me sigas… déjate conducir; deja lo poco y abraza lo sublime».
Dame la gracia de madurar afectivamente… que no tenga miedo a sacrificarme por Ti.
Acción: Poner a Cristo en el centro.
Hno. Javier Lázaro sc.
Copyright © 2025 Colegio Belgrano