Lectura: “Tengan cuidado de los falsos profetas, que se presentan cubiertos con pieles de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los reconocerán, ¿acaso se recogen uvas de los espinos o higos de los cardos? Así, todo árbol bueno produce frutos buenos y todo árbol malo produce frutos malos”. (Mt 7, 15-17)
Meditación:
En el bautismo todos hemos recibido la triple misión de ser: reyes, profetas y sacerdotes. Somos reyes porque estamos llamados a extender el Reino de Dios allí donde estemos; somos profetas porque somos los portavoces de Dios y con nuestro estilo de vida ya anunciamos el destino eterno; somos sacerdotes porque ofrecemos nuestra vida a Dios unidos a Cristo.
Los falsos profetas son los que mienten, hablan en nombre propio y no de Dios; el estilo de vida no es acorde a la vida del cielo; usan palabras que contradicen su forma de ser. La vocación profética por excelencia está encarnada en la vida consagrada, que exige radicalidad total.
Pero Jesús nos alerta, es preciso discernir a que nos llevan las propuestas que nos hacen los falsos; no podemos dejarnos llevar por una actuación del momento; necesitamos ver continuidad y perseverancia en el bien; las palabras necesitan expresarse en acciones de caridad.
Oración: Señor, quiero ser tu profeta, ser tu mensajero con mi estilo de vida.
Contemplación:
Trato de ser bueno, pero a la vez me veo débil…
«Yo te sostengo, eres mi testigo en el mundo».
Tú me llamas y confío en tu Gracia.
Acción: Ser coherente y dar frutos buenos.
Hno. Javier Lázaro sc.
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