Lectura: “«¿No habéis leído lo que hizo David, cuando él y sus compañeros sintieron hambre? Entró en la casa de Dios, y tomando los panes de la proposición, que solo está permitido comer a los sacerdotes, comió él y dio a los que estaban con él». Y les decía: «El Hijo del hombre es señor del sábado»». (Lc 6, 3-5)
Meditación:
Los judíos estaban muy atados a las limitaciones que imponía el día del descanso, el sábado, como día dedicado al Señor. Para nosotros es el domingo; necesitamos que esté dedicado a alabar y agradecer a Dios. Sólo cuando reconocemos la grandeza y las bendiciones que recibimos, podemos darnos cuenta de nuestra grandeza y dignidad.
Dios no se opone a nuestra vida; por eso en domingo también debemos cuidar a un enfermo… es la mejor alabanza que damos al Señor. Además, hace una referencia a David y los panes de la propiciación… Nosotros ahora estamos llamados a acercarnos a la misa del domingo y comer el Cuerpo de Cristo.
Al comulgar, al comer su Cuerpo, Cristo nos transforma, nos diviniza; nos hace de su familia; nos presenta al Padre como hijos amados. Jesús se ha hecho nuestro servidor, nuestro Hermano. Cuando le entregamos el corazón nos llena de su amor.
Oración: ¡Señor, quiero vivir para Ti, transforma mi corazón en tu morada!
Contemplación:
Me dejo llevar por el legalismo y los reglamentos… me olvido de vivir en tu amistad.
«Yo te llamo a mi amistad; te doy mi Corazón…».
Quiero que seas mi morada.
Acción: Entregar el corazón a Cristo.
Hno. Javier Lázaro sc.
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