Lectura: “Porque el corazón de este pueblo se ha endurecido, tienen tapados sus oídos y han cerrado sus ojos, para que sus ojos no vean, y sus oídos no oigan, y su corazón no comprenda, y no se conviertan, y yo no los cure. Felices, en cambio, los ojos de ustedes, porque ven; felices sus oídos, porque oyen”. (Mt 13,15-16)
Meditación:
En el mundo de las redes sociales, Jesús nos alerta de que hemos endurecido el corazón y no podemos recibir la voz del Espíritu. Estamos en medio del ruido, estamos incapacitados para escuchar los susurros del Padre que nos expresa su amor; vemos muchas cosas, hemos perdido el buen gusto de la belleza interior y del encuentro personal.
Es preciso aprender a apartarnos al silencio, necesitamos educar el corazón para la contemplación de lo sublime; Jesús nos habla al corazón, busca nuestra amistad. Estamos heridos afectivamente, el consumismo siempre nos deja insatisfechos; sólo la vivencia del amor gratuito y total de Cristo nos sana y nos lleva a la alegría.
Recibimos un don del Espíritu, para vivir en comunión con nosotros mismos, con los otros y con Dios; pero necesitamos activarlo; estamos llamados a alegrarnos por todo lo bueno, a corresponder con esfuerzo y tiempo a la amistad con Cristo.
Oración: Señor, sana mi corazón, para que guste tu Palabra.
Contemplación:
Deseo todo lo fácil… estoy en un estado de anemia espiritual…
«Yo te infundo mi Vida… espero que correspondas con entrega…».
Quiero pertenecer a Ti y servirte en todo momento.
Acción: Vivir para Cristo y olvidarme de mí.
Hno. Javier Lázaro sc.
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