Lectura: “Le salieron al encuentro diez leprosos, que se detuvieron a distancia y empezaron a gritarle: «¡Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros!». Al verlos, Jesús les dijo: «Vayan a presentarse a los sacerdotes»… Uno de ellos, al comprobar que estaba curado, volvió atrás alabando a Dios en voz alta… «¿Ninguno volvió a dar gracias a Dios, sino este extranjero?»”. (Lc 17, 12-14.18)
Meditación:
Todos sufrimos la lepra del pecado, la división social, la falta de comprensión de parte de los otros, … pero siempre nos queda la posibilidad de abrir el corazón y pedir el auxilio a Cristo que nos sana con su misericordia. El grito de pedido de auxilio es preciso que brote desde lo más íntimo.
Estos leprosos, para volver a la ciudad, tienen que cumplir un aspecto legal “recibir el alta médica”. Pero todo no se resuelve con un papel; es preciso vivir un compromiso hacia los demás por el agradecimiento, que nos permite despertar a la alegría.
Sólo vuelve uno para agradecer a Jesús; los demás también quedaron curados físicamente; pero por rehuir el encuentro personal con Cristo, siguen con su herida afectiva, incapaces de ayudar a otros. Reconocer la obra de Dios en nuestra historia nos permite vivir con confianza y libertad.
Oración: ¡Señor, sana mi corazón y dame la alegría de tu amistad!
Contemplación:
Busco resultados rápidos, pero sin solucionar las causas de las dificultades.
«Yo te llamo a sanar el corazón, que te permite el encuentro con los otros».
Quiero seguirte y vivir en tu Amistad.
Acción: Vivir en el agradecimiento.
Hno. Javier Lázaro sc.
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