Lectura: “¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que parecen sepulcros blanqueados: hermosos por fuera, pero por dentro llenos de huesos de muertos y de podredumbre! Así también son ustedes: por fuera parecen justos delante de los hombres, pero por dentro están llenos de hipocresía y de iniquidad”. (Mt 23, 27-28)
Meditación:
Es preciso cuidar el corazón; no nos preocupemos tanto de dar una imagen hacia afuera, esperando el aplauso de los demás. Lo que realmente agrada a Dios es la disposición al bien obrar; las actitudes que generamos para servir a los otros. Lo que nos embellece son los sentimientos que generamos, junto con las acciones que realizamos para vivir la caridad.
Con frecuencia se da una división interior entre lo que mostramos y cómo nos sentimos. Este trabajo por sostener una imagen nos desgasta interiormente y nunca nos produce una mejora interior. Por el contrario, cuando tratamos de vivir en autenticidad, viviendo la verdad por dentro, con naturalidad se manifiesta en nuestra mirada y en nuestra forma de estar con los otros.
La sobreactuación, no nos ayuda, y devalúa las relaciones fraternas. Sólo lo verdadero se sostiene en el tiempo. Cuando vamos sanando las heridas, se nos va abriendo, generando la capacidad de amar.
Oración: Señor, sana mi corazón y haz que pueda darme de verdad.
Contemplación:
Vivo esperando la aprobación de los otros… me olvido de ser yo mismo…
«Yo te amo como eres y te infundo la alegría verdadera».
Quiero buscar sólo tu mirada y celebrar tu misericordia
Acción: Vivir en la presencia de Dios.
Hno. Javier Lázaro sc.
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