Lectura: “Sois la luz del mundo… Así debe brillar ante los ojos de los hombres la luz que hay en ustedes, a fin de que ellos vean sus buenas obras y glorifiquen al Padre que está en el cielo”. (Mt 5,14.16)
Meditación:
Cristo es la Luz del mundo; pero está en medio de nosotros cuando vivimos la caridad. Hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios, pero la referencia absoluta es Jesús, porque se ha hecho Hombre y nos ha mostrado la verdad de su entrega. En la medida que seguimos a Cristo, nosotros somos creíbles ante los demás y nos convertimos en Luz. Nuestro testimonio lo ve Dios, pero también puede ayudar a quienes nos rodean.
Las buenas obras que realizamos nos llevan a la alegría; todo lo bueno proviene del Espíritu Santo y como fruto nos da el gozo interior, que se convierte en una llamada a la conversión para los otros.
No buscamos el aplauso de la gente; sólo queremos celebrar el amor de Dios en nuestra vida; con esto damos gloria al Padre. La vocación más profunda es alabar a Dios, mostrar su infinita bondad, haciendo que brille en nuestras obras. No tenemos luz propia, reflejamos la que recibimos de Cristo.
Oración: Señor, sé la Luz de mi camino y haz que dé testimonio de tu amor.
Contemplación:
Ver lo bueno que hacen los demás, me alegra el corazón, son luz.
«Yo Soy la Luz del mundo, te llevo al Padre».
Quiero dar testimonio de Ti.
Acción: Con mi obrar, iluminar el camino de otros.
Hno. Javier Lázaro sc.
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