Lectura: «¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise reunir a tus hijos, como la gallina reúne bajo sus alas a los pollitos, y tú no quisiste!». (Lc 13,34)
Meditación:
Jesús es nuestro Hermano; pero por su amor se asemeja también a la madre que da vida y cuida de sus hijos. Llega a poner el ejemplo de la gallina, algo que podían contemplar sus contemporáneos habitualmente. La gallina que ante la amenaza a alguno de sus pollitos está dispuesta a defenderlo energéticamente y a esconderlos debajo de sus alas para que no sean presa fácil de otros animales.
A nosotros, Jesús también nos esconde en su Corazón, nos protege ante las tentaciones que se nos presentan, mostrándonos un amor infinitamente superior a los atractivos del mundo. Constantemente nos mira con cariño, para darnos confianza y sostenernos en la tristeza.
Muchas veces, en nombre de la libertad, preferimos vivir lejos de la comunión con Cristo y caemos en la mentira, caminamos hacia la esclavitud del pecado. Nuestro corazón necesita vivir la amistad profunda con Jesús, donde vivenciemos su providencia, sigamos sus pasos y escuchemos los latidos de su Corazón; entonces vivimos en la alegría de sabernos amados.
Oración: ¡Señor, sé mi refugio, déjame habitar tu Corazón!
Contemplación:
Experimento cosas, pero lejos de tu presencia, me siento solo y triste…
«Yo soy tu refugio, ven a vivir en Mí. Recibe la alegría de mi amistad…».
Quiero ser tuyo, caminar desposado a tu Corazón.
Acción: Buscar la mirada de Jesús.
Hno. Javier Lázaro sc.
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