Lectura: «El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los que pertenecen al Reino; la cizaña son los que pertenecen al Maligno, y el enemigo que la siembra es el demonio; la cosecha es el fin del mundo y los cosechadores son los ángeles». (Mt 13, 37-39)
Meditación:
Jesús habita nuestro corazón y siembra su Reino (que es paz, verdad, bondad, perdón, agradecimiento, solidaridad, entrega, perdón, alegría,…). Cuando acogemos sus valores vivimos en comunión con Él, quedamos transformados, santificados; y a su vez nos convertimos en semilla para que su Reino se anide y enraíce en otros.
Pero necesitamos estar alerta, pues también nos puede asaltar la cizaña del maligno (a través de pensamientos, sentimientos, enojos, incomunicación, rencor, envidia…). El indicador de que somos libres es que somos capaces de rechazar todo esto que nos degrada y esclaviza. Con humildad siempre podemos vencer, si se lo pedimos, Cristo viene en nuestra ayuda y nos da su Vida.
Habitualmente no reflexionamos sobre estas cosas y que es la clave de nuestra calidad de vida; además al final de nuestra vida tendremos que dar cuenta de cómo hemos respondido al don de Dios.
Oración: Señor, siembra en mi corazón tu Semilla del Reino.
Contemplación:
Busco ser feliz a mi manera y me dejo seducir por el mal espíritu…
«Yo Soy el Camino, la Verdad y la Vida. Deseo vivir en tu corazón…».
Quiero ser santo, vivir sólo para Ti.
Acción: Examinar lo que anida en mí.
Hno. Javier Lázaro sc.
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