Lectura: “Después entró en el templo y se puso a echar a los vendedores, diciéndoles: «Escrito está: “Mi casa será casa de oración”; pero vosotros la habéis hecho una “cueva de bandidos”» (Lc 19, 45-46).
Meditación:
El templo de Jerusalén era el lugar de encuentro entre Dios y el pueblo de Israel; era un espacio sagrado. Estaba presidido por el arca de la Alianza. Todos los judíos trataban de ir alguna vez y ofrecían algún animal como sacrificio; pero esto llevaba a que hubiese un comercio dentro del templo… Jesús echa a todos los vendedores. El templo es nuestro corazón. Dios ha puesto su morada en nuestro cuerpo. Estamos consagrados a Él.
Pero con frecuencia convertimos nuestro corazón en un espacio del mal espíritu, donde dejamos que habiten pensamientos o sentimientos que nos llevan al pecado. En forma constante estamos llamados a ser vigilantes, a cuidar nuestros sentidos; es preciso rechazar imágenes, apartarse de conversaciones, educar nuestra fantasía, …
Necesitamos vivir en una comunión profunda con Cristo, que constantemente nos atrae con lazos de amor y busca nuestra amistad, para llenarnos de su paz y de gozo interior. Por esto, nos proponemos vivir en un diálogo continuo con Él, en acción de gracias, en alabanza, en entrega total…
Oración: Señor, solo soy tuyo, quiero vivir para Ti, toma posesión de mi corazón.
Contemplación:
Estoy muy ocupado con muchas cosas… e ignoro tu presencia en mí…
«Yo habito en tu corazón… entra y deja que te ame».
Llévame donde tú quieras… soy tuyo.
Acción: Vivir en comunión con Cristo.
Hno. Javier Lázaro sc.
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