Lectura: “Se cumpliera lo anunciado por el profeta Isaías: «Este es mi servidor, a quien elegí, mi muy querido, en quien tengo puesta mi predilección. Derramaré mi Espíritu sobre él y anunciará la justicia a las naciones. No discutirá ni gritará, y nadie oirá su voz en las plazas. No quebrará la caña doblada …” ( Mt 12, 17-20).
Meditación:
Dios siempre cumple su Palabra; lo que había prometido por los profetas lo cumple con Cristo. En Él estamos ahora injertados todos los bautizados; nosotros somos sus elegidos y amados. Somos consagrados y ungidos por el Espíritu, que nos regala los sentimientos de hijos del Padre; nos envía a llevar el Reino: la paz, la alegría, el bien, la verdad…
Jesús se hace solidario con la humanidad caída; siendo Dios se hace Hombre, camina con nosotros, nos sostiene y alienta a seguirlo. Estamos llamados a identificarnos con Él, por su obediencia al Padre, por los sentimientos de su Corazón,… es el Hombre perfecto y Santo.
Aunque es Dios, se destaca por su humildad, mansedumbre, escucha… Se inclina hacia el débil, el herido o hacia quien ha perdido la esperanza… Ahora nos llama a ser dóciles, a luchar contra el pecado y ser luz en el mundo.
Oración: Señor, soy pecador, Tú me sostienes, me llamas y eliges.
Contemplación:
Con facilidad me creo bueno y no te miro… me distancio de tu Corazón… quedo triste y desorientado.
«Yo he venido a ayudarte, te elijo como hermano».
Quiero seguirte y confiar en Ti.
Acción: Identificarme con Cristo en la entrega y el servicio.
Hno. Javier Lázaro sc.
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