Lectura: “Si el mundo los odia, sepan que antes me ha odiado a mí… Acuérdense de lo que les dije: el servidor no es más grande que su señor. Si me persiguieron a mí, también los perseguirán a ustedes”. (Jn 15, 19-20)
Meditación:
Cristo todo lo que hace es bueno, pero entonces ¿por qué lo odian? Esto nos pasa a muchos que le seguimos. Las razones principales son: la envidia que con frecuencia nos domina, porque nuestro comportamiento se convierte en una denuncia contra el mal o la mentira, por la desesperanza de muchos que no creen en la curación de sus heridas y viven con resentimientos necesitando encontrar a algún culpable de su situación.
Como seguidores de Jesús vamos a ser perseguidos, pero es preciso confiar; el don que hemos recibido al vivir en su amistad es infinitamente superior a todas las contrariedades que nos puedan causar. Además, nos debemos alegrar, pues nos podemos identificar más plenamente con Cristo.
Somos signos de contradicción en el mundo; pero nunca nos falta la gracia y la fuerza del Espíritu. Lo importante es que nos mantengamos unidos a Jesús, alimentándonos con su Palabra, despertando los afectos para que el corazón esté en Él, perdonando a todos y viviendo la fraternidad.
Oración: Señor, soy tuyo, que nada me aparte de tu Amistad.
Contemplación:
Me siento rodeado de dificultades para vivir la amistad contigo Señor.
«Yo estoy siempre contigo; confía yo te sostengo, eres mi testigo en el mundo».
Quiero vivir para Ti y seguirte siempre.
Acción: Confiar y vivir con alegría, en Cristo.
Hno. Javier Lázaro sc.
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