Lectura: “Pasando Jesús junto al mar de Galilea, vio a Simón y a Andrés, el hermano de Simón, echando las redes en el mar, pues eran pescadores. Jesús les dijo: «Venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres». Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron” (Mc 1, 16-18).
Meditación:
Simón (Pedro) y Andrés, son hermanos y trabajan juntos, viven la rutina de cada día confiados. Pero pasa Jesús y los desestabiliza. Les llama a su seguimiento. Hace que la profesión se convierta en vocación, que implique todo su ser para siempre; y la relación fraterna sanguínea, la eleva a una comunión espiritual, que los compromete hasta dar la vida.
El que los llama y los reúne como comunidad-familia es Jesús. Dios es el creador de todo; pero ha dejado una parte inacabada, que depende de nuestra libertad. Por eso, sólo cuando nos comprometemos para siempre, en un proyecto de vida, nos realizamos, completamos la obra de Dios en nuestro corazón.
Cristo es el único que puede acoger la entrega de nuestra vida, nos lleva a una relación esponsal fraterna, abierta a la universalidad; nos hace pescadores de hombres, al recibirlos como hermanos. Al entregar nuestra libertad a Cristo, nos libera de las redes…
Oración: Señor, te entrego mi libertad, recibe mi compromiso de seguirte.
Contemplación:
Busco vivir sin complicaciones… pero quedo inacabado… sobreviviendo con compensaciones que me mantienen en la inmadurez.
«Yo te llamo, te recibo como eres para siempre».
Soy tuyo para siempre, quiero vivir para Ti.
Acción: Vivir comprometidamente y radicalmente con Cristo.
Hno. Javier Lázaro sc.
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