Lectura: «Cuando los entreguen, no se preocupen de cómo van a hablar o qué van a decir: lo que deban decir se les dará a conocer en ese momento… el Espíritu de su Padre hablará en ustedes… Ustedes serán odiados por todos a causa de mi Nombre, pero aquel que persevere hasta el fin se salvará”. (Mt 10, 19-22)
Meditación:
Seguir a Cristo nos va a traer dificultades; pues muchos por ser testigos de la Verdad, se sienten denunciados o simplemente contrariados. Por esto nos van a criticar, denunciar, perseguir… Pero Jesús nos alerta, que no tengamos miedo, pues Él continúa en nuestro corazón, infundiéndonos Vida y nos mantiene en comunión con el Padre y el Espíritu Santo.
Lo importante es que no nos dejemos llevar por el miedo (que procede del maligno). Es preciso vivir confiados, guiados por la Luz del Espíritu Santo; Dios, como Padre nos sigue cuidando siempre; además en estas contrariedades podemos identificarnos con Cristo, que muere y resucita.
El primer mártir de la Iglesia, San Esteban, entrega su vida teniendo la mirada de la fe en el cielo y perdonando a sus enemigos, como Cristo perdona desde la Cruz. Necesitamos cultivar la paz en nuestro corazón para llevarla a los demás.
Oración: Señor, te entrego mi vida, envíame el Espíritu Santo.
Contemplación:
Me dejo llevar por el miedo y la angustia, pero olvido tu presencia en mí.
«Yo estoy contigo, te sostengo siempre, déjate guiar con mi Palabra».
Jesús, quiero confiar siempre en Ti.
Acción: Vivir con la mirada de la fe.
Hno. Javier Lázaro sc.
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