Lectura: “Jesús nos dice: «Yo soy el pan de Vida. El que viene a mí jamás tendrá hambre; el que cree en mí jamás tendrá sed»”. (Jn 6, 35)
Meditación:
Los discípulos ven y escuchan rezar a Jesús y le piden que les enseñe a orar; entonces nos enseña el Padrenuestro. Jesús nos llama a vivir confiados en Dios, pues es nuestro Padre. Esto lo vivenciamos cuando nos dejamos conducir por el Espíritu Santo, que nos santifica y hace que con nuestras acciones santifiquemos su Nombre, pues nos comportamos como hijos amados.
El Reino que pedimos, es el que nos lleva a la fraternidad entre nosotros, nos da la paz, nos permite vivir en la alegría y la esperanza firme del cielo. Pero este Reino se hace realidad unidos a Cristo, que nos alimenta con: su Palabra, el Pan de Vida de la Eucaristía y la gracia de la caridad hacia los necesitados.
Pero podemos amar cuando dejamos que nos sane el corazón, con el perdón. Es preciso que nos dejemos alcanzar por su infinita misericordia y seamos compasivos perdonando a los demás. Entonces nos sentiremos hijos y hermanos.
Oración: Señor, gracias porque eres mi Padre y soy tu hijo amado.
Contemplación:
Jesús hablas con el Padre… dame tus sentimientos… necesito al Espíritu Santo.
«Yo Soy tu Hermano y te llevo al Padre, abre tu corazón…».
Quiero vivir la filiación, los otros son mis hermanos.
Acción: Orientar el corazón al Padre.
Hno. Javier Lázaro sc.
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