Lectura: «Tampoco se pone vino nuevo en odres viejos, porque los odres revientan, el vino se derrama y los odres se pierden. ¡No, el vino nuevo se pone en odres nuevos, y así ambos se conservan!». (Mt 9, 17)
Meditación:
La amistad con Cristo, el vino nuevo, necesita un corazón nuevo. Por esto, nos llama a una constante conversión. No podemos gustar la amistad con Jesús cuando estamos en pecado, aunque Él nos siga amando y buscando. La relación de comunión con Dios compromete todo nuestro ser, todas las acciones, los sentimientos, las relaciones interpersonales que podamos establecer. En todo está la presencia del Espíritu Santo; quienes nos rodean perciben algo diferente en nuestra mirada.
El Reino de Dios, que es el vino nuevo, siempre nos lleva a la alegría, simbolizada en el vino. Pero al igual que el Corazón de Jesús es el receptáculo de la santidad y el amor, así nosotros somos la sede de su bondad, de su verdad y belleza.
La vida con Cristo nos pide un cambio de actitud, que unifiquemos el corazón, que sólo lo orientemos hacia Él. Sólo entonces podemos gustar su paz y alegría. Las cosas inconexas, mezclado el bien y el mal, no nos permite vivir en la unidad interior.
Oración: Señor, unifica mi corazón, haz que sólo sea tuyo.
Contemplación:
Hago muchas cosas buenas… pero deliberadamente también hago algo que va contra mi dignidad.
«Yo te elijo, pero unifica tu corazón, oriéntalo hacia Mí».
Soy tuyo, ayúdame con la fuerza del Espíritu Santo.
Acción: Orientar el corazón solo hacia Cristo.
Hno. Javier Lázaro sc.
Copyright © 2025 Colegio Belgrano