Lectura: “Una vez que los despidió, se retiró a la montaña para orar. Al caer la tarde, la barca estaba en medio del mar y él permanecía solo en tierra. Al ver que remaban muy penosamente, porque tenían viento en contra, … fue hacia ellos caminando sobre el mar, … «Tranquilícense, soy yo; no teman»” (Mc 6, 46-49).
Meditación:
Jesús después de la multiplicación de los panes, huye del aplauso de la gente, se va al encuentro íntimo con el Padre, a la oración. Hace el esfuerzo de salir de las actividades, sube la montaña, orienta su Corazón hacia lo profundo; no se queda en el halago y en el frenesí del éxito ante la multitud.
Los discípulos no comprenden a Jesús y la propuesta del Reino; por eso, se van solos, divididos interiormente y entre ellos… Sienten el viento en contra… pero Jesús no los deja… como nuevo Moisés, los salva de las aguas, aparece caminando…Les infunde confianza en su corazón, pueden afrontar las dificultades con esperanza.
El “Soy Yo”, de Jesús les permite sentirse elegidos, amados y confiados. Se dan cuenta, que sin Él no son nada, pierden la alegría y viven en un vacío existencial. Sólo haciéndolo presente pueden vivir la fraternidad.
Oración: Señor, ven a mi corazón, infúndeme tu confianza.
Contemplación:
Hago las cosas a mi manera… surgen las divisiones interiores…
«Yo Soy, tu hermano, tu divino esposo… te doy la unidad interior».
Quiero caminar contigo, en la más íntima amistad…
Acción: Seguir a Jesús con determinación y radicalidad, sin ponerle condiciones.
Hno. Javier Lázaro sc.
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