Lectura: “También ustedes ahora están tristes, pero yo los volveré a ver, y tendrán una alegría que nadie les podrá quitar. Aquél día no me harán más preguntas. Les aseguro que todo lo que pidan al Padre, él se lo concederá en mi Nombre». (Jn 16, 22-23)
Meditación:
Cristo muere y resucita; une nuestra vida a la suya, nos hace nacer de nuevo. Con esta nueva realidad, como Dios y Hombre, ahora se acerca la hora de ir al Padre; pero vamos con Él. Aunque seguimos peregrinos hacia el cielo, Él nos espera, para vivir eternamente, en el cielo. Aunque ahora tengamos dificultades, no son nada, comparadas con la felicidad que nos espera.
Ahora vivimos en la firme esperanza. Esta alegría nadie nos la puede quitar. Siempre necesitamos la mirada de la fe, de la confianza absoluta, aunque a su vez nos veamos débiles; pero Cristo ya nos ha redimido, somos suyos para siempre.
Cristo es nuestro único mediador con el Padre, de Quien ha recibido todo poder y gloria. Nosotros participamos de esta misión de Cristo, nos llama a colaborar en la extensión del Reino, cada uno en la vocación de servicio que hemos recibido. Somos servidores en Nombre de Cristo, sus testigos en el mundo.
Oración: Señor, venga a nosotros tu Reino.
Contemplación:
Me llenas de alegría por la esperanza que me regalas… me esperas en el Cielo.
«Yo intercedo, pido al Padre y al Espíritu, que cuiden tu corazón».
Quiero vivir en unidad con tu Familia.
Acción: Vivir en la alegría de pertenecer a Cristo.
Hno. Javier Lázaro sc.
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