A continuación, compartimos el discurso leído durante esta ceremonia, que nos invita a mirar con gratitud, reconocer lo vivido y poner en el centro aquello que verdaderamente impulsa cada nuevo comienzo:
«Si bien hoy es un día en el que la nostalgia busca tener protagonismo, por sentir que de alguna manera se deja atrás una etapa especial en la vida de estos niños, creemos que la alegría y el agradecimiento deben prevalecer.
Por nuestra parte, esta alegría se funda en que los hemos visto crecer y avanzar, gracias a las herramientas que fueron adquiriendo a lo largo de estos años. Los hemos visto recibir con amor a los compañeros que se fueron incorporando a los grupos; ayudarse a resolver situaciones, superar desafíos que en principio parecían complejos y desarrollar su autonomía.
Los hemos visto involucrarse en cada actividad con entusiasmo, y ese mismo entusiasmo y curiosidad fueron muchas veces los disparadores para que sus docentes pudieran elaborar nuevas propuestas, superando incluso lo que ellas mismas habían imaginado.
Todo esto, cada uno lo hizo a su tiempo y de diferente manera, porque así debe ser. Porque son únicos. Las fortalezas de cada uno contribuyeron al proceso de otros compañeros.
Sin duda, quienes tuvimos la posibilidad de acompañarlos desde su ingreso a los dos años y verlos hoy con cinco o seis, recordamos lo vivido y nos enorgullecemos de sus logros. Es parte de lo que esta maravillosa profesión nos regala.
Cosas simples, como ver que aquel niño que a los dos o tres años lloró mucho en el proceso de despegue de su familia, hoy abraza y alienta a los más chiquitos del Jardín cuando tiene la oportunidad. Y podríamos compartir muchísimos ejemplos más.

Hoy es un día para dar gracias.
Este año nos propusimos como equipo poner en relieve la importancia de mirar la realidad que nos rodea y descubrir la maravilla de sorprendernos con la belleza de una flor, de un ave, de un arcoíris, y aprender de ellos. Dejar de lado la virtualidad para despertar la capacidad de valorar y sorprendernos con lo que nos rodea.
Mirar, aprender.
Mirar, valorar.
Mirar para comprobar que hay tesoros muy valiosos cerca nuestro, y que justamente no se compran.
Hoy nos proponemos también regalar a esos ojos que se tiñen de emoción la posibilidad de mirar y agradecer.
Mirar y agradecer a las docentes: gracias a cada una, porque hay algo de ustedes en el proceso de cada uno de ellos.
Qué hermoso también es mirarse entre ustedes, padres e hijos, agradeciendo a Dios la dicha de tenerse.
Este camino de los primeros aprendizajes hoy comienza a entrelazarse con otro que les ofrecerá nuevas oportunidades. Deseamos que todo lo que se llevan del Jardín pueda seguir desarrollándose en los años venideros.
Que para todo lo que está por venir tengan ese motor que los mueva desde lo más profundo, el motor más importante que podemos tener para todo lo que emprendamos: que los mueva el CORAZÓN. ¡Que siempre los mueva el CORAZÓN!
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