Lectura: “El que no está conmigo está contra mí; el que no recoge conmigo desparrama. Cuando el espíritu inmundo sale de un hombre, da vueltas por lugares áridos, buscando un sitio para descansar, y, al no encontrarlo, dice: «Volveré a mi casa de donde salí»”. (Lc 11, 23-24)
Meditación:
Necesitamos tomar la decisión de seguir a Cristo con radicalidad, con determinación y en totalidad. La amistad con Él, nos exige que dejemos las cosas que nos dividen interiormente; queremos seguirle sin medir consecuencias, sólo buscamos vivir sus principios. Lo seguimos sin más postergaciones, ahora, mirando hacia adelante, con firmeza en nuestra voluntad. Y abarcando todas las dimensiones de nuestra vida; no lo hacemos “a la carta”.
En la medida que nos quedamos en la mediocridad, al son de algunos sentimientos que nos llevan a la inmadurez… vivimos en la tristeza, que nos esclaviza, pues nos impide hacer el bien. Las tentaciones siempre se nos van a hacer presentes, para que elijamos lo fácil…; pero las rechazamos con firmeza, para que no nos domine el mal espíritu.
Es preciso unificar el corazón para que sólo pertenezca a Cristo; entonces nos sabemos protegidos y seguros; podemos vivir en la confianza y la paz. Sólo somos suyos.
Oración: ¡Unifica mi corazón y haz que sea tu morada!
Contemplación:
Digo que te sigo Jesús, pero sólo te dejo actuar en una parte de mí… estoy dividido.
«Yo Soy tu Paz; dame tu corazón, entrégame tu libertad…».
Quiero ser sólo tuyo, dame la fuerza del Espíritu…
Acción: Entregarme totalmente a la voluntad de Dios.
Hno. Javier Lázaro sc.
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