Lectura: “Uno de los soldados le atravesó el costado con la lanza, y en seguida brotó sangre y agua. El que vio esto lo atestigua: su testimonio es verdadero y él sabe que dice la verdad, para que también ustedes crean”.
Meditación:
Jesús en la Cruz se deja abrir el costado, para que lleguemos a su Corazón. Se entrega por entero, brota inmediatamente sangre y agua, que son signo anticipatorio de Pentecostés, donde se nos comunica el Espíritu Santo. Cristo muere en la Cruz, pero está abierto para recibir el don del Padre y del Espíritu, que lo resucitan. Necesitamos contemplarlo traspasado para que también recibamos la gracia divina.
Ahí, al pie de la Cruz está la Virgen María, que nos lleva a todos sus hijos a la fuente de la Vida. Ella nos recibe a todos los que nos acercamos con fe y nos introduce en la comunión perfecta del Padre, del Hijo y el Espíritu Santo.
Hemos quedado injertados en Cristo, tras su resurrección vivimos con Él. María como Madre nos ha concebido. Su Sí total a Dios nos vincula a todos sus hijos y es garantía de nuestra fidelidad. Ahora sigue abierto el costado abierto de Cristo, se nos da en la Eucaristía.
Oración: Virgen María, llévame al Corazón de Cristo y haz que reciba su Vida.
Contemplación:
Acción: Contemplar a Cristo traspasado guiado por María.
Hno. Javier Lázaro sc.
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