Lectura: “El Ángel le dijo: «No temas, María, porque Dios te ha favorecido. Concebirás y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús; él será grande y será llamado Hijo del Altísimo. El Señor Dios le dará el trono de David, su padre” (Lc 1, 30-32).
Meditación:
El Ángel Gabriel empieza a hablar a la Virgen María, hablando de sus sentimientos: 1. Que se alegre porque es llena de gracia; 2. Que no tenga miedo ante el misterio o la obra de Dios en su Corazón. María es la criatura más bella que Dios ha creado y a la vez la encomienda la misión más excelsa, ser la Madre de Cristo, el Hijo de Dios, el Salvador.
María está atenta a estos sentimientos que le pide que genere en su Corazón, vive la vocación, el llamado a la alegría, aún en medio de las dificultades, pues se sabe amada y elegida.
Además, confía plenamente; no sabe cómo será, pero Ella sigue adelante; sin pedir explicaciones. Deja que el Espíritu obre; no se detiene a considerar las consecuencias sociales a corto plazo… Ella responde con determinación firme al querer de Dios; así abre más y más su Corazón a la acción del Espíritu.
Oración: Virgen María, unifica mi corazón, que solo esté en Dios.
Contemplación:
Miro los ojos y el corazón de María, ante el anuncio de que será la Madre de Dios.
«Yo te llamo, deja que nazca en tu corazón».
Quiero que obres en mí, dame determinación.
Acción: Vivir en la alegría y la confianza.
Hno. Javier Lázaro sc.
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